¿Qué hace un taxónomo?

Escrito por Rosario Redonda-Martínez e Itzi Fragoso-Martínez

Los taxónomos son biólogos especializados en identificar, describir, nombrar y agrupar a todos los seres vivos. Para cumplir con su labor, además de contar pelos y patas —como reza el argot popular—, número de flores, pétalos o nervaduras de una hoja, realizan colecta de especímenes en el campo, los preparan para ingresarlos a colecciones científicas —ya sean de organismos vegetales o animales—, los clasifican y estudian sus relaciones de parentesco.

Antes de que un organismo ingrese en una colección científica, por ejemplo, el taxónomo debe identificar el espécimen, es decir, asignarle un nombre científico. En ocasiones, estos especímenes no logran ser identificados con la literatura disponible o bien al compararlos con ejemplares similares disponibles en las colecciones, por lo que ese organismo tendrá que describirse, ya sea como una especie, género o familia nueva para la ciencia.

 

Un taxónomo describe nuevas especies

Los taxónomos revisan cuidadosamente todas sus características morfológicas, sean macro o microscópicas; a veces, incluso tienen que contar el número de cromosomas u obtener información de su material genético o ADN, esto con la finalidad de descartar que se trate de un posible híbrido, es decir, que sea el producto del cruzamiento de dos especies genéticamente distintas, tal es el caso de las mulas, que se originan cuando se cruzan una yegua y un burro.

Para dar a conocer el hallazgo una nueva especie, género o familia para la ciencia, los taxónomos deben publicar la descripción detallada del organismo en revistas científicas especializadas con circulación internacional; asignar un nombre compuesto por dos vocablos en latín, el género y el epíteto específico (género y especie), seguidos del apellido o apellidos de la persona o personas que proponen ese nombre. Por ejemplo, cuando se describió la chía, se bautizó como Salvia hispanica L., pues pertenece al género Salvia, y fue descrita por Linneo (L.). La descripción original de una nueva especie se denomina protólogo y es el equivalente a un acta de nacimiento, mientras que el ejemplar en el cual se basa la descripción se denomina tipo nomenclatural.

 

¿Existen reglas para nombrar a una nueva especie?

Sí, están especificadas en un Código de Nomenclatura, ya sea de plantas o animales. En el caso de las plantas, las normas para asignar los nombres se encuentran en el Código Internacional de Nomenclatura Botánica (CINB), este tiene como objetivo mantener la universalidad y estabilidad de los nombres científicos y asegurar que cada nombre propuesto sea único.

Si no existieran estas reglas, cada quién nombraría a las especies como mejor le pareciera, tal y como ocurre con los nombres comunes, por ejemplo, el tejocote se denomina así en el centro del país, mientras que en Chiapas lo llaman manzanilla, pero su nombre científico es Crataegus mexicana DC y está emparentado con las peras, rosas y manzanas, todas estas especies de la familia Rosaceae.

 

¿Qué pasa después de que se describe y publica una nueva especie?

Después de publicar el nombre de la especie recién descubierta, su descripción y ser agrupada en la familia correspondiente, es común que se desee conocer cómo se relaciona con otros miembros del mismo género u otros géneros de la familia o el orden al que pertenece. Entonces, es necesario realizar un estudio enfocado a entender las relaciones genealógicas o de parentesco, es decir, una filogenia, la cual nos permite identificar las características comunes de un grupo de organismos o sus diferencias, si se comparten entre dos especies, o bien, las que son exclusivas de una sola. Una filogenia se representa como un árbol, donde en la punta de las ramas se encuentran los organismos analizados y la proximidad entre ellas indica que tan cercana es su relación, como ocurre en un árbol genealógico, pues todos los seres vivos compartimos características en común —pueden ser macro o microscópicas, químicas, genéticas o moleculares— que son resultado de tener un ancestro común.

Alguna vez te has preguntado ¿Por qué se dice que los frijoles y las jícamas son parientes? ¿Por qué la margarita y el girasol pertenecen a la misma familia? o ¿Por qué estamos más emparentados con los chimpancés que con los champiñones?

Para responder estas preguntas, es necesario conocer algunas características de estos organismos. En el caso de los frijoles y las jícamas, son hierbas trepadoras o enredaderas, con hojas divididas en tres, flores con un solo eje de simetría (como nuestras caras, donde solo podemos pasar una línea a la mitad para tener dos partes iguales), producen frutos con forma de vaina como los ejotes y semillas con forma de riñón, o sea, similares a los frijoles o, redondeadas como las lentejas; todo ese conjunto de características permiten agruparlas en la familia Fabaceae o Leguminosae, lo que comprueba que son parientes.

La margarita y el girasol también son parecidos, tienen flores muy pequeñas que en conjunto simulan una flor parecida a una estrella, por eso y otros caracteres que no se aprecian a simple vista —como los estambres fusionados en la parte superior—, se clasifican en la familia Asteraceae, al igual que la lechuga y el diente de león.

En el ejemplo final, sabemos que los seres humanos estamos más emparentados con los chimpancés que con los champiñones, porque tenemos varias características en común: pulgares en las manos, ausencia de cola y una similitud genética del 99 %.

 

¿Para qué sirven las filogenias, además de que permiten saber quién es pariente de quién y por qué?

Los biólogos utilizan las filogenias con fines diversos, por ejemplo, para saber si un grupo de organismos tiene un ancestro común o no, si heredó alguna o varias características de él, como ocurre cuando tenemos el cabello lacio u ondulado y los ojos oscuros o de color como nuestros abuelos. También les permite conocer el tiempo aproximado en el que un grupo de organismos se separó de otro, en el caso de las angiospermas o plantas con flores, por la posición que ocupan en el árbol filogenético podemos saber que el grupo de los pastos es más viejo que el que dio origen a las uvas.

Asimismo, las filogenias permiten proponer una clasificación, es decir, agrupar a los organismos en distintos niveles o categorías taxonómicas, como géneros, familias, órdenes u otros. Un ejemplo es la clasificación más reciente de angiospermas, conocida comúnmente como APG IV, acrónimo de Angiosperm Phylogeny Group versión IV, en la cual se reconocen 63 órdenes y 416 familias.

La clasificación de APG IV también permite saber qué grupos de plantas son más antiguas y cuáles más recientes; así, encontramos que los grupos o linajes que dieron origen a los aguacates y a los plátanos tuvieron un origen anterior al grupo de plantas que dio origen a los cacahuates y a la sandía, y estos a su vez son más viejos que los linajes de los cactus, los jitomates, los girasoles y las zanahorias ¿Sorprendido?

En nuestras actividades cotidianas es común que agrupemos o clasifiquemos cosas con base en su utilidad, sabor, color o semejanza. Por ejemplo, cuando lavamos la ropa solemos separar las prendas blancas o de colores claros de aquellas con colores oscuros, esto con la finalidad de prevenir que cuando destiñan, una camiseta o sábanas blancas terminen rosas o grises, si se lavan junto con prendas rojas, negras o azul marino, respectivamente.

Al momento de realizar compras en el súper o en el mercado, también observamos que todo se encuentra ordenado, difícilmente hallaremos el detergente junto al arroz o el agua mineral, o las servilletas al lado de la carne o las verduras, de ahí que la taxonomía —aunque informal—, no sorprende que haya acompañado al humano desde tiempos inmemoriales.

Esperamos que ahora tengas un panorama más claro del quehacer de un taxónomo, así como la importancia de su trabajo que es la base del conocimiento científico actual de las especies.

 

 

Para Saber Más: 

Chase M.W., Christenhusz M.J.M., Fay M.F., Byng J.W., Judd W.S., Soltis D.E., Mabberley D.J., Sennikov A.N., Soltis P.S. y Stevens P.F. (2016). «An update of the Angiosperm Phylogeny Group classification for the orders and families of flowering plants: APG IV». Botanical Journal of the Linnean Society, 181(1), 1-20. http://dx.doi.org/10.1111/boj.12385

 

Fernández M.S., Brusa F., Damborenea M.C., Dellapé P.M. y Gallardo F.E. (2013). Introducción a la taxonomía, manual de ejercitaciones, Argentina, Editorial de la Universidad de la Plata, 181 pp. https://core.ac.uk/download/pdf/33130435.pdf

 

Greuter, W. y Rankin-Rodríguez, R. (trad.). (2018). Código Internacional de Nomenclatura para algas, hongos y plantas (Código de Shenzen), Berlín, Fundación Herbario Greuter, Alemania, 378 pp. https://jolube.files.wordpress.com/2018/08/codigo_nomenclatura_botanica_shenzhen2018.pdf

 

Yu, G. y Ekstrøm, C.T. (2019). Emojifont: emoji and font awesome in graphics v.0.5.3. https://guangchuangyu.github.io/emojifont

 

Rosario Redonda-Martínez. Investigador titular, Instituto de Ecología, A.C., Pátzcuaro, Michoacán, México.

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Itzi Fragoso-Martínez. Investigador titular, Instituto de Ecología, A.C., Pátzcuaro, Michoacán, México.

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