Próxima

Escrito por Horacio Cano Camacho

Al común de los mortales ahora nos parece que viajar al espacio, al “aquí cerquita”, es una actividad rutinaria. Ser elegido quién sabe mediante que criterios, recibir un entrenamiento y listo. Poco a poco ha ido perdiendo el aura de sofisticación y riesgo que tuvo en los inicios de la exploración espacial.

Pero viajar al espacio, aun al más cercano, no es nada fácil. Yuri Alekséyevich Gagarin, fue el primer humano en realizar este viaje. El 12 de abril de 1961 el joven teniente de la fuerza aérea soviética pasó a la historia de la astronáutica y de la humanidad. En 1961 no se sabían muchas cosas de los viajes espaciales y existían muchas preguntas que requerían evidencias para responderse y que en la tierra no somos capaces de responder: ¿Un humano puede sobrevivir y tener una existencia en gravedad cero? La perrita Laika se había convertido, el 1957, en el primer ser vivo en orbitar la tierra y –también hay que decirlo- el primer ser vivo en morir en el espacio.

Se desconocía casi todo de las respuestas fisiológicas y psicológicas al espacio. Su viaje demostró que había mecanismos de adaptación a las condiciones agrestes de este lugar y se podia sobrevivir. Sin embargo, surgió otra pregunta ¿El cerebro humano puede funcionar sin gravedad?¿Un hombre podría perder la capacidad de actuar racionalmente bajo el “horror” cósmico? Muchas preguntas en realidad…

Además de las preguntas fisiológicas había, por supuesto, muchos retos tecnológicos. Salir al espacio, tanto como levantar el vuelo, resistir la radiación, darle la vuelta al mundo y regresar vivo no son cosas que simplemente soñemos, de manera que hay que calcular y diseñar los instrumentos para hacerlo posible. Muchos lo hacen realidad y unos más, realmente pocos, lo llevan a la práctica.

El segundo hombre en el espacio también fue de la Unión Soviética. Se trató de German Titov, hasta ahora el más joven en salir del planeta. Pero ir al espacio era hasta entonces, cosa de “hombres” hasta el 16 de junio de 1963, en que Valentina Tereshkova, una joven obrera de 26 años se convirtió en la primera mujer en orbitar la tierra. Realizó un viaje orbitando 48 veces el planeta, en una misión de tres días en solitario. Esta fue toda una hazaña. En tres días viajó más lejos que todos los astronautas norteaméricanos combinados (hasta entonces) y demostró que no existia ninguna limitación para que una mujer participara en la carrera espacial. Tereshkova, fue seleccionada entre más de 400 solicitantes para finalmente ser enviada en la misión Vostok 6 el 16 de junio de 1963.

Fuera de la Unión Soviética, el programa espacial se caracterizó por el sexismo y el racismo particularmente en los Estados Unidos. La primera mujer norteamericana en el espacio fue Sally Ride, quien tuvo que esperar hasta 1983 para viajar al espacio. Sin embargo, en la misma Unión Soviética que presumía de incluyente, la participación de la mujer se “olvidó” despues del logro de “la primera”.

Hasta 1982, Svatlana Saviskaya, también Soviética, se convirtió en la segunda mujer de la historia que viajaba al espacio. Ella tuvo que soportar las bromas machistas de sus compañeros en la estación espacial, quienes la recibieron con comentarios hirientes al entregarle un delantal y decirle que su lugar era la cocina…

El camino ha sido muy duro para las mujeres, quienes ha demostrado una enorme capacidad, a veces muy superior a sus compañeros, incluso entre muchos especialistas que están convencidos que tienen mejores cualidades que los hombres en cuestión de adaptabilidad y respuesta en el espacio.

John Glenn, primer estadounidense en orbitar la tierra y héroe nacional aseguraba que las mujeres no deberían ir al espacio porque era una cuestión de “orden social”. Muchas mujeres se han quejado, con justa razón, de la actitud de los medios de comunicación, que parecen estar más interesados en cuestiones intrascendentes respecto a las mujeres astronautas como el peinado, los tampones, el maquillaje o el “abandono de los hijos” que en los eneormes retos y peligros que entraña salir del planeta. Por cierto, preguntas y preocupaciones que nunca le manifiestan a los astronautas hombres, es decir, machismo puro.

Aunque el número de mujeres astronautas sigue creciendo (“necesitamos más mentes de mujeres en la ciencia” dice Ellen Ochoa, primera mujer latina que viajó al espacio), la proporción sigue siendo muy desigual, cerca de 70 contra 600 hombres y las dificultades que enfrentan aunque se van superando, siguen existiendo.

Este largo preambulo es para presentar una película que aborda la situación de las mujeres que deciden emprender una carrera de astronautas. Se trata de Próxima, cinta francesa de la directora Alice Winocour (El protector, Augustine), con un guión de la propia Winocour y que se estrenó este año. La película trata Sarah (Eva Green), una astronauta francesa se encuentra en la preparación de lo que será su primer viaje espacial. Sarah es una mujer que siempre tiene al lado a su hija, con la que mantiene una estrecha relación propia de madre soltera.

El camino profesional para Sarah no es nada fácil, sobre todo con respecto a su hija, a la que tiene que dejar durante el año que durará la misión. Pero ella está decidida a ser la mejor en esta carrera, que es también su pasión. La película francesa se adentra en todo un dilema aplicable a un porcentaje amplio de las mujeres de nuestro tiempo, el conflicto por mantener un equilibrio entre la vida personal y la laboral. Y es un tema que se complica cuando se trata de la cuestión sobre la maternidad.

La vida en pareja se puede solucionar en estos tiempos, pero la presencia de los hijos parecería complicar las cosas. Sobre todo si la participacion masculina en su crianza es marginal, como suele ser, por desgracia. Al conflicto de los hijos, sumemos la enorme presión que la preparación exige y que hay que reconocerlo, ignora casi completamente muchas de las necesidades de las mujeres. Próxima aporta una mirada femenina a este asunto, que como lo hemos comentado arriba, parecería pensado por hombre y exclusivamente para ellos.

Otro aspecto muy interesante de la película es que sustituye los aspectos épicos en los que suelen centrarse las historias de las misiones espaciales, con un enfoque basado en la preparación, la complejidad y las historias detrás de cada viaje. En Próxima  nos asomamos como por una ventana a trabajos que están muy lejos de uan simple rutina, en donde cada aspecto es revisado, ensayado, armado, desarmado… porque de ello denpende no solo el éxito de una misión, sino la vida de las y los astronautas y en donde un error, por sencillo que sea tienen un costo muy elevado.

Es una película de un realismo muy abrumador, pero elegante, con una Eva Green en su mejor papel. Indaga, no resuelve, el conflicto que asumen las mujeres en cada paso que dan para desarrollar todo su potencial. Un trabajo doble y muy superior al que los hombres nos enfrentamos. Es un mundo hostil, hecho por los hombre y con pocas consideraciones con las mujeres, en donde falta, efectivamente la mirada de ellas.

De manera muy especial, esta cinta explora el esfuerzo físico y mental de Sarah para mantenerse firme en un entorno masculino y machista, y constituye un muy lúcido ensayo sobre la maternidad y los problemas de las mujeres para hacer compatible su vida familiar y laboral. Es una exploración perspicaz, emocionante y crítica de las dificultades reales de las mujeres en la vida profesional y laboral, en donde no obstante, siempre serán insustituibles...

 

Horacio Cano Camacho, Profesor Investigador del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología y Jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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