EL GUASÓN

Escrito por Gerardo Pérez Escutia

Desde que tengo memoria, la figura del Guasón me ha gustado , primeramente en aquella serie de TV de los sesentas donde César Romero interpretaba a un personaje un tanto locuaz y y malvado que hacía ver su suerte a un Batman en mallas, un tanto bobalicón. Años después (ya en los años ochenta) llegó al cine la película “Batman” y ahí me encuentro nuevamente con un Guasón, ahora mas juguetón, algo más malévolo y con una psicosis manifiesta, que interpretó estupendamente Jack Nicholson, a quien desde One Flew Over the Cuckoo's, conocida en México como “Atrapado sin salida”, los papeles de psicótico le salen de maravilla.

Años después, en la gran película “Batman el caballero de la noche”, me encuentro con otro Guasón, esta vez interpretado por Heat Ledger, quien le da una dimensión más oscura y humana al personaje, lo cual lo hace mucho mas interesante (y terrible) , al grado que le robó la película al protagonista.

Todos estos guasones (Jokers en su idioma original) en sus diferentes enfoques interpretativos reflejaron mucho de la estética de la época en la que aparecieron, pero en sus diferencias mantuvieron una esencia común, siempre fueron villanos. Nunca apelaron a la empatía del espectador (quizá el último apenas lo esbozó) y siempre siguieron siendo personajes del cómic más famoso que existe, circunscritos a su temática , a su lógica y a su narrativa.

Con todo esto en mente fui a ver la película “Guasón“ (Todd Phillips, The Jocker, USA 2019) que está en cartelera y de la que todo mundo habla; leí algunos comentarios y críticas y por supuesto lo hice con una enorme expectativa pues conozco la capacidad interpretativa de Joaquin Phoenix por sus trabajos previos (además de la presencia de Robert de Niro, el “monstruo sagrado” de la actuación para los de mi generación).

Generalmente cuando uno tiene altas expectativas ante algo, la decepción casi siempre es segura, pues pocas cosas en la vida llenan a plenitud estas ilusiones, pero en esta ocasión para mi sorpresa no fue así, la película cumplió con lo que yo esperaba e incluso, lo superó y aquí doy mis razones.

La película técnicamente es un producto redondo, con una estética oscura y ochentera en una Nueva York vestida de ciudad gótica que me recordó mucho a la lluviosa ciudad de la película “Seven”. No casualmente en esa época fue cuando repuntó el crimen en esa ciudad. Está filmada en calles sucias, en ambientes sórdidos y claustrofóbicos, que se convierten en el marco ideal para una historia de degradación y descenso a la locura.

Las referencias y guiños a otras películas, en lugar de ser pegotes ávidos del aplauso fácil, se hacen necesarios al construir una historia que es original en su circunstancia individual, pero que es común en un entorno social. Así, la madre de Arthur Fleck (El Guasón) me recordó irremediablemente a la madre frágil y obsesionada de “Requiem por un sueño”; Robert de Niro en su papel de “Showman” exitoso, también recuerda al maestro de ceremonias de la misma película y algunas escenas en solitario de Arthur Fleck nos llevan directamente a recordar “Taxi Driver”, todo ello en manos de un director mediocre hubieran resultado en una película intrascendente y llena de clichés, aquí es precisamente en donde yo creo que esta película trasciende y se vuelve una obra excepcional.

El personaje del Guasón en toda su gama de registros, nos lleva desde la empatía y el melodrama total (recordé una película mexicana de Pedro Infante “un rincón cerca del cielo“), hasta la aversión absoluta que nos provoca Arthur Fleck en su transformación en el malvado Guasón en la última parte de la película. También hay un momento terrible (totalmente Gore) que en un trueque genial se transforma en comedia; hay drama; hay denuncia social y sobre todo hay una actuación excepcional de un actor comprometido que se transforma físicamente (y psicológicamente) en su personaje, poniendo un registro muy alto para el gremio actoral.

La película presenta un universo donde habitan personas solitarias, infelices, que por diversas circunstancias se convierten en monstruos. Esto, desgraciadamente es lo mas realista de la película: Todos conocemos las historias de asesinos seriales y asesinos en masa que canalizan en el crimen su miseria existencial, sin embargo sería un error pensar que esta película será un generador de violencia per se ( hay mucho ruido en los medios sobre este tema). Esto sería cegarnos ante una realidad en la que las historias personales y el entorno social son los que crean monstruos y esto no lo cambia o potencializa una película. Al contrario, una buena obra de arte, nos lleva a la reflexión y nos abre puertas al entendimiento de lo que muestra y a cuestionarnos la realidad.

Por ello, es un acierto el enfoque que le da a la locura del personaje. Nos presenta un ambiente “enfermo” que va moldeando al protagonista y orillándolo a caer en la psicosis: una Ciudad Gótica en crisis de inseguridad, una vida solitaria sin empatía, una madre enferma y dependiente y sobre todo una serie de expectativas de vida nunca cumplidas. No obstante la “locura de Fleck” (como también se sugiere), tiene un componente genético -de acuerdo con la psiquiatría- lo cual pone a punto las circunstancias genotípicas y fenotípicas para que surja… el Guasón.

Para mostrarnos el origen del personaje, Joaquín Phoenix y el Director  nos dan un tour por la locura que padece Arthur Fleck, así como sus sentimientos negativos y sus emociones afectadas por su forma de ser. Previo a ser el Guasón, fue un hombre que de haber sido atendido no hubiera llegado a ser quien es y a hacer lo que hace.

Tristeza, soledad, marginación y un entorno que exacerva sus sentimientos de ira. Arthur Fleck es tratado por un especialista, pero esta atención cesa por la falta de fondos que financien la atención a la salud mental de la población, algo muy inquietante en nuestra propia sociedad, la de verdad.

Para complicar las cosas, a Arthur Fleck le suspenden el tratamiendo farmacológico buscando disminuir los efectos secundarios de los medicamentos, representados por unos ataques de risa incontenible. Esta ausencia de apoyo médico pone los elementos para desencadenar la locura…

Si a esto añadimos un escenario social resentido y enojado con sus gobernantes tenemos la fórmula completa para el surgimiento del “villano líder“, la némesis del justiciero que seguramente aparecerá en la secuela de esta película.

Es inevitable ligar la historia (ficticia) del Guasón con las historias reales de asesinos seriales y masivos. La mayoría tienen sustratos comunes de infancias infelices y abusos, en muchos hay componentes orgánicos de alguna patología mental; sirva esta película también para que reflexionemos en el tipo de sociedad que tenemos y en el caso particular de nuestro país, cuestionarnos ¿que hemos hecho tan mal, para que hayan surgido tantos sicarios, tantos asesinos que por sus actos extremos entran en el ámbito de la patología individual y social enfermando a la sociedad en su conjunto?.

A pesar de todos estos elementos, la película no cae en el melodrama barato ni nos endilga recetas morales. El final es lo suficientemente ambiguo como para invitar a que saquemos nuestras propias conclusiones, lo cual se agradece.

Más allá de estas reflexiones, esta película es totalmente disfrutable tanto para los fans del cómic como para quienes no los son, la actuación, la edición, el guión, la música y la fotografía, son elementos que la hacen una película completa que dejará huella y que seguramente le granjearán muchos premios. Joaquin Phoenix se consagra como el gran actor de su generación por su interpretación inquietante, conmovedora y magistral.

Estoy seguro que después de esta película, los cómics no serán contados de la misma manera.

La recomiendo totalmente.

 

Gerardo Pérez Escutia, Médico egresado de la Universidad MIchoacana de San Nicoás de Hidalgo, durante muchos años trabajó en el equipo de psicoterapia de la Comunidad Terapéutica A.C. Morelia Michoacán, como responsable de Terapia Ocupacional.

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