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El gabinete de las curiosidades

Escrito por Horacio Cano Camacho

El día de hoy vamos a alejarnos un poco de la ciencia en el séptimo arte para recomendar una serie fantástica, y lo digo tanto por la calidad como por el género en el que podemos inscribirla. Se trata de El gabinete de las curiosidades de Guillermo del Toro (EUA, 2022), que como su nombre lo indica, son todas esas cosas de la fantasía que le encantan al afamado director mexicano y, seguramente, también a muchos de nosotros. Se trata de una antología exquisita de terror clásico estrenada en su primera temporada por Netflix.

Al verla, de inmediato me remonté a mi infancia y adolescencia frente al televisor, muerto de miedo con programas como Galería nocturna (Rod Serling, 1970-1973) y La dimensión desconocida (1970) del mismo productor, incluso Cuentos de la cripta de William Maxwell Gaines, emitida en México en los años 1989-1996, series todas a las que era asiduo.

Como sus antecesoras, y a las que Del Toro indudablemente rinde homenaje, son antologías que inician con un presentador que crea un contexto, sea de una leyenda, un cuadro o un mito. En El gabinete de las curiosidades, ese contexto es creado a partir de la apertura de puertas y cajones del gabinete del título, de donde se sacan objetos que reflejan los temas del episodio, muy al estilo de Galería nocturna.

Aunque Del Toro no ha dirigido ninguno de los ocho episodios que componen la serie, es indudable que está detrás de la labor de selección de las historias, la convocatoría de los directores de cada episodio y, desde luego, de toda la concepción estética de la serie.

El terror clásico como género, se caracteriza por un guión y una estructura narrativa y visual que persigue provocar en el espectador pavor, miedo, incomodidad, e incluso repulsión. El gabinete de las curiosidades apuesta también por la maravilla y la reflexión moral. En ese sentido, genera un estilo muy personal que ya es su sello.

El gabinete de las curiosidades se aleja del género de la ciencia ficción clásica o del terror puro y duro para adentrarse de lleno en el weird o ficción weird, un género de literatura fantástica cuyo fundador, Howard Phillips Lovecraft (más conocido como H. P. Lovecraft), definía como historias con elementos sobrenaturales y terror.

El estilo de Guillermo del Toro se localiza claramente en lo que se ha dado en llamar el Neo Weird, que incluye elementos de la ciencia ficción más dura, mezclados con el terror y la fantasía. Muchos de sus personajes y situaciones parecen sacados de un cuento de Lovecraft, combinados con las series antes mencionadas (de hecho, dos de los ocho capítulos son adaptaciones de cuentos del autor norteamericano). Una mezcla, hay que decirlo, muy interesante y original.

La característica fundamental del estilo Neo Weird es lo «desconocido» y la amenaza que supone para nosotros. No importa el origen de esta amenaza, que puede provenir del espacio, de fenómenos espaciotemporales y, en el Neo Weird, de la ciencia misma o de la curiosidad extrema, la ambición o todas juntas, porque al romper los principios de la razón, se puede crear terror. La ficción weird es, como su nombre, rara, extraña, no lineal y la serie de hoy hace honor al género, por ello, creo que Del Todo está revolucionando el terror clásico.

Las historias narradas en cada episodio reflejan el espíritu de la serie en su conjunto, pues están muy bien integradas, con una recreación preciosista de la época en que se inscriben, dan una sensación literaria clásica, hay mucho talento visual y una narrativa muy directa, aunque con margen para las sorpresas. Las historias son sencillas, basadas en relatos de literatura de terror algo más moderna, pero con tendencias de ficción weird y, en mayor parte, muy lovecraftiana.

Como en toda serie que tiene diferentes direcciones, es normal que cada capítulo muestre asimetrías, sea porque tenemos nuestras historias favoritas o porque los estilos de cada director sean más directos o más «poéticos», el caso es que resulta inevitable no compararlos internamente y afirmar nuestras preferencias; sin embargo, analizándolas en conjunto, la serie es espectacular.

Yo había prometido alejarme de la ciencia en esta ocasión, pero mientras miro la serie, con un profundo desasosiego y medio abrazado a la almohada, me pregunto: ¿Por qué si el miedo es una emoción muy desagradable y temible nos gustan las historias de terror y de ese género escogemos ver series, películas, leer literatura y disfrutarlo en sus otras manifestaciones artísticas, como el cómic?

Según un artículo publicado en la revista Physiological Science, el horror nos entretiene con mayor eficacia cuando desencadena una respuesta física medida por cambios en la frecuencia cardíaca, pero este no llega a abrumarnos… a paralizarnos.

Al parecer, hay un espacio o lugar «dulce» donde el disfrute se maximiza. Hay, pues, una relación entre miedo, disfrute y ciertas formas recreativas del miedo. Nosotros sabemos conscientemente que lo que observamos es una fantasía que no supone un riesgo y de ella extraemos placer. No obstante, la respuesta varía de persona a persona.

En la excitación provocada por este tipo de miedo, hay una activación fisiológica, acompañada de la liberación de neurotransmisores en el cerebro que refuerzan ciertas respuestas de compensación que resultan a su vez placenteras, como si fuera una recompensa que nos impulsa a seguir resistiendo la incertidumbre, una suerte de «zanahoria» que nos atrae y mantiene alertas. Esto explicaría por qué tanta gente encuentra en las películas de terror algo atractivo.

Hay entonces, según este estudio, un miedo recreativo que se refiere a una experiencia emocional que combina miedo y disfrute. El miedo es de las pocas emociones básicas que compartimos con muchos animales, el cual está genéticamente estructurado para desplegar mecanismos de alarma o de protección en caso de peligro inminente o, incluso, ante la mera posibilidad de una agresión exterior. La consecuencia suele ser o la huida ante el peligro o el intento de evitarlo y de combatir sus causas. El miedo es una sensación desagradable que cumple la función de ponernos en alerta y se ha mantenido a través de la evolución como un recurso para protegernos del daño. Paradójicamente, a veces buscamos experiencias en el miedo para fines recreativos.

Cuando el miedo aparece, el sistema nervioso manifiesta cambios y nuestro sistema endocrino prepara a nuestro cuerpo para la acción a través de la liberación de hormonas y neurotransmisores. Nuestra atención aumenta hacia el peligro para hacernos más perceptivos y se potencian los mecanismos de aprendizaje y memoria. Es probable que el miedo recreativo sea una suerte de entrenamiento del propio cerebro que a través de sensaciones placenteras nos va preparando para responder ante una situación verdadera.

Todo esto lo estoy pensando mientras disfruto una antología muy redonda, magníficamente realizada, con una mezcla de ficción «rara» y de terror clásico que acaso no me prepare para nada, salvo el disfrute de un espectáculo magnífico. Se las recomiendo, mientras meditan sobre su propia experiencia con el género del terror.

 

Horacio Cano Camacho, Profesor Investigador del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología y Jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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