Cuando escuchamos la palabra hormona, inmediatamente pensamos en cuestiones relacionadas con la pubertad, el embarazo, la menopausia o el estrés; eventos o circunstancias en los que la mayoría de nosotros conocemos que las hormonas juegan un papel relevante.

Sabemos que estas moléculas tienen diversos efectos sobre nuestro cuerpo. Por ejemplo, durante la pubertad, los jóvenes comienzan a sufrir diferentes cambios morfológicos y psicológicos producto del efecto de las hormonas sexuales (estradiol o testosterona, principalmente). Tanto en hombres como en mujeres, las hormonas durante la pubertad ayudan a realzar los caracteres sexuales de cada género. En ambos se presenta el crecimiento y desarrollo de sus órganos reproductores, hecho que quizá sea uno de los eventos más representativos del efecto que tienen las hormonas en nuestro organismo. Sin embargo, es muy difícil que cuando hablamos de hormonas, pensemos en ellas como reguladoras de nuestro sistema inmune y sobre la protección o susceptibilidad que éstas nos brindan ante múltiples enfermedades, algunas de ellas infecciosas.

 Cuando hablamos del sistema inmune nos referimos al sistema de defensa de nuestro organismo o de los animales, que a través de una serie de pasos denominados respuesta inmune, se ataca a organismos infecciosos y otros agentes que invaden nuestro cuerpo, al que potencialmente le podrían provocar enfermedades.

Es por eso que, en este artículo nos adentraremos en conocer la acción de las hormonas como mensajeros que regulan algunos mecanismos de defensa de nuestro cuerpo. 

El sistema neuroinmunoendócrino

La manera en la que se abordaba el estudio de la fisiología humana a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX (propiciada en parte por los trabajos de Claude Bernard), obligó a que el cuerpo humano fuera “separado” en diversos sistemas para facilitar su estudio, por ejemplo: el estudiar el sistema circulatorio y el sistema respiratorio por separado nos ayuda a comprender de mejor manera cómo nuestra sangre se oxigena en los pulmones y cómo el oxígeno llega a cada rincón de nuestro cuerpo.

Sin embargo, esta separación ha prevalecido a lo largo del tiempo complicando el estudio integrado del cuerpo humano. A pesar de ello, esta tendencia de integración de sistemas está cobrando más auge de manera reciente, y desde hace algunas décadas (a finales de los 90, siglo pasado) se habla de un sistema Neuro-Inmuno-Endócrino (NIE), ya que se conoce que hay una interrelación entre los tres sistemas: podemos encontrar hormonas y mediadores inmunes en el sistema nervioso, así como neurotransmisores y hormonas en el sistema inmune. Por lo tanto, nuestras hormonas son capaces de alterar a nuestro sistema nervioso y modificar nuestra respuesta inmune.

En particular nos enfocaremos a precisar un poco más el papel que juegan las hormonas en el sistema inmune.

Las hormonas son mensajeros químicos que pueden tener distinta etiología (pueden ser proteínas, lípidos, o aminoácidos, principalmente). Anteriormente se pensaba que una hormona era aquel mensajero secretado exclusivamente por una glándula del sistema endócrino hacia el torrente sanguíneo, pero ahora sabemos que no es así. Prácticamente cualquier tipo celular puede producir algún tipo de hormona o mensajero químico.

El efecto que tienen las hormonas sobre nuestra respuesta inmune es muy diversa y puede verse influida por el sexo (hembras o machos) de los organismos. Los principales ejes endócrinos regulados por diferentes hormonas son el eje hipotálamo-hipófisis-adrenales (HHA), el eje hipotálamo-hipófisis-gónadas (HHG) y el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides (HHT). Los primeros dos ejes son los más estudiados con relación a sus efectos sobre la respuesta inmune. 

Principales ejes hormonales regulados por hormonas y su papel en la respuesta inmune: 

Eje hipotálamo-hipófisis-adrenales (HHA)

En la mayoría de los animales este eje está relacionado con el estrés. Para el caso de condiciones que nos resultan estresantes, como pudiera ser la pérdida de un ser querido o el periodo de exámenes en la escuela, se induce la activación de este eje, ya que el hipotálamo produce la hormona vasopresina o la hormona liberadora de corticotropina, las cuales estimulan en la glándula pituitaria la secreción de la hormona corticotropina la cual, a su vez, estimula la secreción de corticoides en las glándulas adrenales (cortisol o hidrocortisona).

La hidrocortisona incrementa la glucosa en la sangre e inhibe la liberación de moléculas que ayudan al correcto funcionamiento de nuestro sistema inmune. Además, los glucocorticoides influyen en la migración de diferentes células de defensa (linfocitos, neutrófilos, etc.). La activación de este eje puede ser bidireccional, es decir que se activa y produce el efecto inmunosupresor, o también como consecuencia de la activación de la respuesta inmune se puede activar el eje HHA. Por lo tanto, se considera que el estrés genera un estado de inmunosupresión, el cual en muchas ocasiones se relaciona con que los individuos inmunosuprimidos por efecto post-estrés puedan ser más susceptibles a diversas infecciones por virus, hongos o bacterias.

Un estado de inmunosupresión hace que nuestras células de defensa no sean capaces de detectar agentes infecciosos y por consecuencia eliminarlos. Inclusive se sabe que estados crónicos de estrés se ven traducidos en inflamaciones crónicas, lo cual puede llevar a la aparición de diversos tipos de cáncer, tales como el cáncer de colon, y a muchas otras patologías.

En contraparte, se puede sostener que cuando no nos encontramos bajo condiciones de estrés crónico, la respuesta inmune ayuda a combatir a los agentes infecciosos con los que interactuamos día con día.

Un estado de bienestar favorece la liberación de las llamadas “hormonas de la felicidad”, tales como la dopamina, serotonina y endorfinas. Actividades como el ejercicio, la meditación (para el caso de los humanos), y el bienestar animal en su caso, han demostrado tener efectos positivos en la salud.

Realizar actividades físicas (correr, ir al gimnasio, etc.), favorecen la activación de este eje, ya que se activa la hipófisis lo cual conlleva a la liberación principalmente de cortisol y epinefrina en las glándulas adrenales, capaces de volver a estimular la hipófisis para que se liberen endorfinas -por ejemplo, brindarnos una sensación de euforia y bienestar-.

Por otra parte, las neuronas al activarse secretan serotonina y dopamina, las cuales funcionan como neurotransmisores que ayudan al equilibrio de los estados de ánimo y a la regulación del sueño. Mantener estable la producción de estas hormonas promueve sensaciones de euforia, plenitud, buen estado de ánimo y también se refleja en el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmunológico. Por contraparte, el desbalance de estas hormonas se ha relacionado con problemas de insomnio, mal humor, migraña y problemas de salud asociados a una deficiente respuesta inmunológica. Por otra parte, en los sistemas de producción animal, se ha comprobado que el bienestar de los animales mejora la producción y disminuye el riesgo de presentar enfermedades infecciosas.

Eje hipotálamo-hipófisis-gónadas (HHG)

La activación de este eje se inicia cuando el hipotálamo produce la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), la cual estimula a la hipófisis para la producción de la hormona folículo estimulante y la hormona luteinizante (FSH y LH, respectivamente). Estas hormonas estimulan la síntesis de androstenediona, precursor de los andrógenos y de los estrógenos (testosterona y estradiol, por ejemplo), hormonas sexuales que generarán una retroalimentación positiva sobre el eje HHG, aumentando los pulsos de GnRH para liberar más LH o FSH.

Durante la pubertad y la gestación, la producción hormonal se ve modificada drásticamente. Para el caso de las enfermedades periodontales esto cobra especial importancia, ya que los tejidos gingivales se ven alterados con las elevadas concentraciones de hormonas sexuales. Durante estas etapas las bacterias de la cavidad oral se ven favorecidas en su crecimiento y es la razón por la cual es más común observar problemas periodontales (como la gingivitis) durante estos periodos.

Este eje tiene especial relevancia en las mujeres ya que regula el ciclo menstrual y como consecuencia, también afecta el estado inmunológico del sistema genitourinario; se sabe que durante la etapa premestrual, los niveles de estrógenos, especialmente el estradiol, disminuyen y como consecuencia se altera el epitelio vaginal, afectando la flora vaginal normal, generando en consecuencia, la presentación de infecciones de origen bacteriano o micótico -principalmente infecciones ocasionadas por Candida albicans-.

De manera similar ocurre durante el postparto y el inicio de la lactancia, las mujeres suelen ser más susceptibles a infecciones de la glándula mamaria o del tracto genitourinario. Las hormonas sexuales (estrógenos) y las hormonas lactogénicas (prolactina) juegan un papel importante en la regulación de la respuesta inmune ante infecciones, ya que regulan la capacidad de los epitelios (capa que recubre los tejidos) para responder ante el ataque por patógenos. Dependiendo de las concentraciones y las combinaciones hormonales, la respuesta inmune puede variar sustancialmente. 

Eje hipotálamo-hipófisis-tiroides (HHT)

Finalmente, el eje HHT también tiene implicaciones en la inmunidad. El hipotálamo libera la hormona liberadora de tirotropina (TRH) que estimula a la hipófisis para liberar a la hormona estimuladora de la tiroides (TSH), induciendo a la tiroides a secretar las hormonas tiroideas T3 y T4. Las alteraciones en este eje pueden generar problemas como el hipertiroidismo o el hipotiroidismo, que se ven reflejados en desórdenes del sistema inmunológico, ya que las hormonas tiroideas regulan la proliferación de diversos linfocitos y ayudan a mantener en correcto estado todo el sistema linfático y a la misma glándula tiroides.

Los desórdenes de la tiroides también pueden desencadenar que la propia glándula se vea afectada por reacciones autoinmunes, que en general son controladas por este eje. 

¡Para saber más… explorar más!

Si bien ahora sabemos un poco más del efecto que ejercen las hormonas sobre nuestro organismo y en especial sobre nuestro sistema de defensa, aún hace falta mucho por explorar en este vasto sistema neuroinmunoendrócrino. Los ejemplos citados son solo una pequeña muestra de los múltiples efectos que ejercen las hormonas sobre la respuesta inmune.

Una de las principales perspectivas de los científicos en esta área, es buscar posibles blancos terapéuticos, como por ejemplo el tratar diversas enfermedades inmunológicas con hormonas. Adicionalmente, la visión simplificada que hasta hace poco prevalecía de estudiar a los seres vivos en órganos y sistemas, debe de ser sustituida por una visión integral.

Para Saber más:

Barañao 2011. Inmunología del embarazo. Invest Clin. 52(2):175.194.
http://www.scielo.org.ve/

Figuero-Ruíz et al. 2006. Cambios hormonales asociados al embarazo. Afectación gingivo-periodontal. Av Periodon Implantol, 18(2): 101-113.
http://scielo.isciii.es/pdf/peri/v18n2/original4.pdf

Arbo-Sosa y Santos 2005. Las hormonas, el sistema inmune y la respuesta a la infección en los últimos 100 años. Bol. Med. Hosp. Infant. Mex. 62(5):310-312.

http://www.scielo.org.mx/pdf/bmim/v62n5/v62n5a3.pdf

EL M. en C. Iván Medina Estrada es estudiante del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias Biológicas de la UMSNH.
D. en C. Alejandra Ochoa Zarzosa es Profesora-Investigadora, ambos del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UMSNH. 

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