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Año 15 /Enero - Febrero / No. 85 U.M.S.N.H.
Cuando leí el ya clásico El nombre de la rosa, dad, se convierte en un personaje en sí misma. Es
de Umberto Eco (Lumen, 1982), quedé profunda- uno de los espacios más poderosos de la literatura
mente cautivada. No solo porque se trata de un contemporánea: laberinto físico y mental. Guarda
verdadero thriller histórico que desarrolla, al mismo saberes antiguos y heréticos, a la vez que funciona
tiempo, una reflexión sobre cuestiones filosóficas, como metáfora del conocimiento humano. En su
teológicas y semióticas, así como sobre las contra- centro se esconde el libro que desata la tragedia:
dicciones de la época, sino también porque logra un supuesto tratado perdido de Aristóteles sobre la
crear una atmósfera medieval excepcional. La no- risa.
vela está ambientada en la llamada Baja Edad Me- Aquí emerge el gran motivo de la novela y de
dia (1300-1492), quizá mi periodo favorito. los crímenes: ¿puede el humor desafiar al poder? En
La historia se sitúa en 1327, en una abadía be- la lógica de este mundo, donde se ríe y se disfru-
nedictina del norte de Italia, aislada entre montañas ta, Dios deja de ser necesario. Es el temor —no la
y niebla. Hasta allí llegan Guillermo de Baskerville, razón— lo que impulsa a creer y a someterse al po-
un fraile franciscano lógico y observador, heredero der de las creencias y de sus instituciones. Un mun-
del método empírico, y Adso de Melk, su joven no- do sin Dios no requiere poderes tutelares.
vicio y narrador de la historia. Lo que en un inicio Estas discusiones se dieron realmente en la
parece una visita diplomática para debatir la pobre- época, disputando no solo saberes teológicos, sino
za de la Iglesia pronto se ve alterado por una serie mostrando las contradicciones de un mundo en
de muertes misteriosas dentro del monasterio. La evolución.
investigación es encomendada a Guillermo, no solo El enfrentamiento central no es solo criminal,
por su prestigio como hombre sabio y racional, sino sino también intelectual. Jorge de Burgos, un an-
también por su experiencia como anti-
guo inquisidor, reconocido por su pie-
dad y sentido de la justicia.
Eco construye la trama como
un claro homenaje a la novela detec-
tivesca clásica: Guillermo recuerda de
manera deliberada a Sherlock Holmes,
mientras que Adso cumple el papel de
un Watson medieval. El crimen gira en
torno a un libro prohibido y la inves-
tigación sigue pistas físicas, lógicas y
también simbólicas.
Sin embargo, el escenario trans-
forma por completo el género. No hay
policías, sino inquisidores; no existe la
ciencia moderna, sino la escolástica,
aunque ya comienzan a vislumbrarse
sus primeros esbozos. Tampoco hay
forenses: en su lugar hay códices, ve-
nenos y pergaminos. El suspenso, de
los más apasionantes, se despliega
entre laberintos y bibliotecas.
La biblioteca de la abadía, una
de las más importantes de la cristian-
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