PREMIO NOBEL DE MEDICINA

Escrito por Horacio Cano Camacho

En esta ocasión los galardonados son dos estadounidenses, James Rothman y Randy Schekman, y un alemán, Thomas Südhof. El trabajo de los ganadores versa sobre el transporte en las células.

Las células cuentan con una capacidad única entre la materia del universo conocido: la capacidad de autoconstruirse y regularse. Para la primera cualidad se necesita fabricar las estructuras celulares formadas principalmente de macromoléculas (proteínas, lípidos y azúcares). Las proteínas presentan funciones tanto estructurales como regulatorias, fabricando a su vez los otros componentes. Para que estos materiales cumplan su función se requiere llevarlos a los sitios adecuados, de igual manera que se requiere llevar los ladrillos, el cemento y otros materiales en una construcción, en la célula se llevan a los lugares de fabricación los “ladrillos” de construcción de las macromoléculas: aminoácidos, azúcares, ácidos grasos y un largo etcétera.

A pesar de que la célula es una estructura muy pequeña (unas cuantas micras), la tarea de colocar cada molécula es titánica. Como todo sistema altamente organizado, las células requieren producir materiales y luego distribuirlos. Imaginemos por un momento el siguiente problema: tenemos una alberca olímpica y nosotros colocamos en el agua una partícula de arena, tan pequeña que apenas podemos verla. La idea es que ese grano se dirija a un punto específico de la alberca, digamos en el otro extremo ¿Cómo dirigirlo?¿cómo sortear todos los obstáculos que se le presentes y entregarlo en el punto indicado rápida y eficazmente?

Gracias a los hallazgos de los laureados, ahora sabemos que existe en las células un sistema de “carreteras” y “transportadores” que funcionan como verdaderos motores moleculares. Estos motores están representados por proteínas que forman estructuras de tubos y fibras a los que se anclan otras proteínas portando vesículas llenas del material a transportar. Pero a diferencia de nuestras carreteras físicas, las celulares tienen una actividad muy dinámica: se pueden ensamblar y dirigir a una dirección concreta para luego disolverse y rearmarse en otra dirección y momento. Este dinamismo permite asegurar aspectos cruciales tales como la entrega de materiales, la comunicación celular, la respuesta a cambios ambientales, la coordinación del metabolismo en los tejidos, entre otras actividades vitales.

El estudio de este sistema de transporte ha permitido comprender mejor cómo se producen algunas enfermedades como la diabetes (donde falla el transporte de insulina), o algunos trastornos inmunológicos (donde los fallos de comunicación entre células provocan que nuestro cuerpo se ataque a sí mismo) y como funciona la comunicación en las células nerviosas.

Sin duda un premio muy merecido…

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