ARTÍCULO
Probióticos: aliados de las abejas
Adrián Ponce de León-Door y Alejandro Romo-Chacón
Resumen
Las abejas son los polinizadores más valorados a nivel mundial, ya que gran parte de los alimentos que consumimos requieren de ellas; además, son fundamentales para la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, actualmente enfrentan varios problemas como la deforestación, el cambio climático, el uso de pesticidas, las enfermedades y los parásitos, entre otros, que amenazan su sobrevivencia. Para hacer frente a esta situación, se ha planteado el uso de probióticos para mejorar su salud. En este artículo se describen los principales probióticos utilizados, se explica cómo ayudan, cómo funcionan y cómo utilizarlos en la apicultura.
Palabras clave: Apicultura, manejo integrado de enfermedades, microbioma.
RECIBIDO: 27/08/2024; ACEPTADO: 14/03/2025;
PUBLICADO: 27/febrero/2026.

¿Por qué son importantes las abejas?
Las abejas son bien conocidas por la producción de miel, polen, cera, propóleos, apitoxina y jalea real, productos valiosos para el consumo humano y para su uso en la industria cosmética, farmacéutica y alimentaria. No obstante, su labor más relevante es la polinización, fundamental para los ecosistemas y la agricultura, al ser los polinizadores claves para muchas plantas, incluyendo cultivos agrícolas. Los cultivos polinizados por abejas tienen mayor rendimiento y calidad, lo que se traduce en beneficios económicos para los agricultores. Se estima que un tercio de los alimentos que consumimos depende de la polinización realizada por las abejas. Por lo tanto, las abejas son esenciales no solo para la producción de alimentos y la economía, sino también para la biodiversidad y la salud de los ecosistemas. Su protección es crucial para mantener un equilibrio ecológico y asegurar un futuro sostenible.

¿A qué dificultades se enfrentan las abejas?
En la actualidad, las abejas enfrentan varios problemas que afectan su salud y supervivencia; dentro de los más significativos encontramos la deforestación causada por la urbanización y la agricultura intensiva. De la mano de estos, el uso de plaguicidas, especialmente los neonicotinoides, que tienen efectos perjudiciales sobre las abejas, afectando su capacidad de forrajeo, navegación, reproducción y supervivencia en general. Además, los monocultivos limitan la diversidad floral, afectando la dieta de las abejas y reduciendo su resistencia a enfermedades y estrés ambiental. Aunado a estos, los problemas globales como el cambio climático y la contaminación han jugado un papel importante en la sobrevivencia de estos insectos.
Las abejas también son amenazadas por varios patógenos y parásitos que pueden afectar su salud, productividad y supervivencia. Dentro de los principales encontramos la varroosis, causada por el ácaro Varroa destructor, que afecta tanto a abejas adultas como a las crías. Este ácaro debilita a las abejas al alimentarse de su hemolinfa y puede transmitir virus. La nosemosis es una enfermedad causada por dos parásitos microsporidios, Nosema apis y Nosema ceranae, que afectan el sistema digestivo, reduciendo su capacidad de absorber nutrientes y debilitándolas. La loque americana y loque europea son enfermedades causadas por las bacterias Paenibacillus larvae y Melissococcus plutonius, respectivamente;son infecciones intestinales que afectan principalmente a las crías, causando su muerte.
Los virus también causan enfermedades en las abejas, como parálisis crónica que produce temblores, incapacidad para volar, pérdida de vello corporal, deformación de las alas y reduce la longevidad de las abejas. El pequeño escarabajo de la colmena (Aethina tumida) es un parásito que puede causar daños significativos a las colmenas al consumir miel, polen y crías. Estas enfermedades y parásitos representan algunas de las mayores amenazas para las poblaciones de abejas a nivel mundial y son objeto de investigación continua para desarrollar métodos efectivos de control y mitigación.
Actualmente, las medidas empleadas para el tratamiento y la prevención de enfermedades y parásitos se basan en la aplicación de antibióticos (por ejemplo, oxitetraciclina, fumagilina) y de otros productos químicos; sin embargo, aun así, las pérdidas anuales de colonias promedian ~39,4 % durante la última década (más del doble del límite sostenible del 15 %). Además, el uso de estos productos puede promover la resistencia a los antibióticos y dañar inadvertidamente la microbiota intestinal de las abejas, un componente crítico de la salud general a nivel de colonia, a través de efectos sobre la digestión, la regulación inmunológica y el éxito de la hibernación. Por ello, existe un creciente interés en apoyar la salud de las abejas por medio de estrategias de modulación de la microbiota, utilizando los probióticos como métodos sostenibles de control de enfermedades.

¿Qué son los probióticos?
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), los probióticos son «microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren beneficios a la salud del huésped». Estos microorganismos ejercen su función al llegar vivos al intestino y colonizarlo, compitiendo por espacio y nutrientes, formando, primeramente, una barrera física que impide que se adhieran microorganismos patógenos. También, al colonizar el intestino, activan el sistema inmune de la abeja, produciendo péptidos antimicrobianos. Muchos de estos microorganismos producen sustancias como el ácido láctico que modifican el pH, haciendo al intestino inhabitable para los otros microorganismos; además, pueden secretar sustancias antimicrobianas que eliminan a los patógenos. Adicionalmente, algunos probióticos liberan enzimas que ayudan a metabolizar sustancias tóxicas.
Probióticos usados en abejas
Gran parte de la industria probiótica utilizada actualmente se basa en la administración de organismos de los géneros Lactobacillus o Bifidobacterium utilizados en la fermentación de alimentos; estos podrían no colonizar los intestinos, pero aun así pueden promover un microbioma saludable. Por otro lado, está la inoculación con cepas microbianas que son nativas del intestino del huésped y que podrían establecerse y persistir a largo plazo en el intestino. La mayoría de los probióticos comerciales contienen solo bacterias no nativas, como en las mezclas probióticas humanas; sin embargo, algunos incorporan una mezcla de bacterias no nativas y nativas.
Son múltiples los microorganismos probióticos que se han utilizado en la apicultura, dentro de los cuales destacan géneros, como los que mencionamos en el siguiente cuadro.
Como resultado de la aplicación de probióticos, se ha mejorado la salud general de las abejas, al aumentar la resistencia a enfermedades y mejorar su supervivencia. También, varios estudios han demostrado que los probióticos pueden ayudar a prevenir enfermedades comunes como la nosemosis y la loque americana. Igualmente, el uso de probióticos contribuye a mantener un equilibrio saludable de la microbiota intestinal, lo que es crucial para la digestión y la absorción de nutrientes. Adicionalmente, los probióticos pueden ayudar a las abejas a manejar mejor el estrés ambiental y nutricional, mejorando su capacidad de recuperación y resistencia.
Administración de probióticos
Se han llevado a cabo investigaciones sobre la correcta administración de probióticos a la colmena, ya que esto puede afectar su eficacia. Actualmente, existen tres estrategias principales: suspensión en jarabe de sacarosa, inoculación en tortas de polen y aspersión. El uso de jarabe de sacarosa es el método más popular debido a su facilidad de aplicación, pero el estrés osmótico puede inducir la muerte de las bacterias, por lo que se recomienda prepararlo con una baja concentración de azúcar (1:8 azúcar:agua). También, lo más recomendable es colocarlo en un alimentador interno, ya que su consumo es más rápido que en un alimentador externo y los probióticos no son expuestos a la luz del sol.
Por otro lado, las tortas de polen ofrecen un sistema adecuado para suministrar probióticos, puesto que adicionalmente aportan beneficios nutricionales que apoyan la salud general de la colonia. Sin embargo, una desventaja de ambos métodos es que solo las abejas adultas consumen directamente el producto, lo que significa que la distribución en la cámara de cría depende del flujo de nutrientes entre las abejas nodrizas y las larvas. Por ello, una alternativa es la aspersión o pulverización de probióticos en una solución salina tamponada con fosfato, ya que las células bacterianas permanecen viables incluso años; además, este método tiene el potencial de permitir una dispersión física del inóculo en toda una colmena.
El uso de probióticos en abejas ha demostrado ser una estrategia prometedora para mejorar su salud y la resistencia a enfermedades. La investigación en este campo continúa avanzando, proporcionando nuevas cepas y formulaciones que podrían ayudar a mitigar algunos de los desafíos más serios que enfrentan las poblaciones de abejas en todo el mundo.

Adrián Ponce de León-Door. Profesor postdoctoral. Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, Unidad Cuauhtémoc. Cuauhtémoc, Chihuahua.
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Alejandro Romo-Chacón. Investigador, Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, Unidad Cuauhtémoc. Cuauhtémoc, Chihuahua.
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