ARTÍCULO
La materia oscura o la nada: título de mi película
Jorge Carlos García-Ramírez
Resumen
Mi historia debe tener un principio, pero parece que la nada no lo tiene, ¿cómo le haré? Y también debe tener un final, pero parece que también es infinita. ¡Qué dilema! Creo que mi historia puede contar sobre las preguntas que se hacen los científicos para explicar cómo nace algo que explota y se le considera una maravilla.
RECIBIDO: 04/07/2024; ACEPTADO: 13/03/2025; PUBLICADO: 27/febrero/2026

He leído a algunos autores científicos sobre el origen del universo y todos hacen referencia al Big Bang como la explosión de materia y energía que formó las galaxias, los cuásares, las estrellas y los planetas. ¿Pero qué existía antes? ¿No era acaso el mismo universo, pero con una condición diferente? Busqué mucho y encontré información de cuando le llamaban «la nada», pero creo que ese término no gustó; en entrevistas escuché que «la nada» no existe, precisamente porque no es nada.
También he leído sobre el concepto de la «materia oscura», que antes pensaba que era lo mismo, pero no es así. Se plantea que la materia oscura y la energía oscura constituyen el 96 % de nuestro universo; sin embargo, nadie sabe con certeza qué son. Se les asignan nombres sin comprender plenamente su naturaleza.
Algo que me vuela la cabeza son las enormes distancias que existen en el espacio. Desde pequeño he visto maquetas del sistema solar hechas con bolas de unicel: el Sol aparece como una pelota de boliche y los planetas como pequeñas canicas, colocando al planeta más lejano, Plutón, a no más de un metro de distancia. Sin embargo, ya de adulto vi un documental, muy bien sustentado, en el que se reproducían las distancias de manera proporcional a las reales: considerando al Sol como una bola de boliche, Plutón se encontraba a varios kilómetros de distancia y el supuesto Sol ya no se distinguía a lo lejos. Evidentemente, una maqueta no podría construirse con esas proporciones.
Esto viene a colación por los enormes espacios que durante mucho tiempo consideré vacíos y que ahora quisiera representar en mi película.
Leí que un científico, Sorenson, señala que la nada es un modelo de potencial, un espacio para que Dios cree un universo. Al describir cómo se representa la nada, afirma: «¡Los agujeros de una esponja son ausencias de esponja! Los agujeros son lo que hace que la esponja sea útil para absorber líquido. La esponja puede existir sin los agujeros, pero los agujeros no pueden “existir” sin la esponja».
Pero ¿la nada no es como el cero? El número cero es un valor nulo; tiene, literalmente, la forma de un agujero, pero ocupa un lugar único y esencial en la recta numérica. Sin él, no podríamos expresar números negativos y gran parte del universo carecería de sentido. Y luego está la nada anterior al Big Bang: la llamada «energía de punto cero», un término utilizado para explicar la energía en estado de vacío.

La teoría cuántica de campos afirma que vivimos en un universo de campos de energía que se extienden por todo el universo e interactúan entre sí, creando todo lo que vemos en el proceso; de hecho, formamos parte de estos campos. Sin embargo, entonces, ¿la nada es infinita o es de un tamaño que ni siquiera nos podemos imaginar y luego nos dicen que se expande y otros que se contrae?
Yo creo que la materia oscura y la nada son como la matriz de una mujer: deben existir para recibir el resultado de la gestación que culmina en la explosión del Big Bang. Sin embargo, no entiendo por qué existe tanto miedo a hablar de lo que había antes de esa explosión.
Me encantaría ver una película sobre lo que ocurría en el universo antes de ese momento. Y no me refiero al lado oscuro de la Luna ni al lado oscuro de La guerra de las galaxias. El universo existe gracias a la materia oscura y a la nada, y hoy alberga todas las maravillas del cosmos tal como lo conocemos.
Pero no quiero que sea una película aburrida, toda oscura y muda. Se trataría de preguntar a quién se le ocurrió hacer el universo para preparar lo que vendría después: la gestación de la gran energía y la materia, como una madre que prepara el camino para las fuerzas que le darían forma, como la gravedad, el electromagnetismo y otras que todavía no comprendo del todo.
He escuchado a muchos creyentes en Dios señalar que, si existe un orden, debe existir un ordenador. Pero cuando solo existían la nada y la materia oscura, ¿también había un orden? ¿O la nada es Dios? Al final, es la nada la que ha dado cabida a todo lo que existe ahora en el universo.
Me gusta mucho la historia del nacimiento de Huitzilopochtli, de Coyolxauhqui y de los Cuatrocientos Surianos, que narra la gestación del Sol, la Luna y las estrellas en la cultura mexica. Coatlicue recibe una bola de plumas en su regazo y queda preñada; Coyolxauhqui y sus hermanos, indignados por no conocer al padre, deciden matar a su madre. Desde el vientre, Huitzilopochtli le pide a Coatlicue que le vaya informando por dónde avanzan sus hermanos y, en el momento preciso, nace armado y con plena conciencia. Entonces desmembra a su hermana y da muerte a los Cuatrocientos Surianos. Con ese acto mítico nacen la Luna y las estrellas.

Podría utilizar este relato en la película; espero que los mexicas me perdonen.
En la película, la nada y la materia oscura estarían representadas por Coatlicue; la gran energía, por Huitzilopochtli; y Coyolxauhqui y los surianos serían desmembrados en el Big Bang. Claro que, en estos tiempos, ya no podemos señalar a Coatlicue de manera despectiva solo porque quedó preñada.
Necesito la ayuda de científicos a quienes les gusten las historias y los cuentos de fantasía. ¿Será posible que ambos mundos se junten? Hay muchos escépticos que dudan de que la ciencia y la religión puedan dialogar. Yo busco a científicos que se pregunten por el origen del universo, pero que lo hagan con un poco de imaginación. Aunque creo que algunos fantasean con datos duros, pero ese es otro tema.
Bueno, mi historia deberá tener una protagonista; de lo contrario, podrían tacharme de misógino. Tal vez sé muy poco del universo, pero me gusta contar historias de personas valientes. Mi protagonista lo será, porque se dice que el dolor del parto es inmenso, aunque hoy muchas mujeres deciden no tener hijos. Me pregunto si, al hablar de Coatlicue y de las distintas vírgenes presentes en las religiones, su experiencia del parto podría compararse con el gran Big Bang. Pero ya me estoy alejando de mi historia.
Les pido a los científicos que escriben en esta revista que ayuden a mejorar mi historia. Conozco poco sobre el tema y he encontrado muy poca bibliografía al respecto. La nada y la materia oscura serán una madre en potencia que queda preñada —quién sabe por quién— y de la que nace un hijo hermoso como resultado del Big Bang. El padre, sin embargo, es un desobligado, porque no volvemos a saber de él. ¿O será acaso que Dios, enojado, hace explotar la energía y la materia porque no han rezado lo suficiente y las expulsa del paraíso estelar? ¿O será, tal vez, un milagro que permite albergar después la vida a través de estrellas, planetas y la vida misma, creada a imagen y semejanza de Dios?
Otra vez estoy filosofando, pero es que los científicos no me han ayudado: están muy ocupados analizando los resultados del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), en Suiza. Qué curioso que hayan definido precisamente como la «partícula de Dios» al bosón de Higgs, descubierto gracias al Gran Colisionador de Hadrones.
Pero mi historia debe continuar. Huitzilopochtli está ataviado para la guerra; parece dispuesto a enfrentarse a los cuásares, a los hoyos negros y a cualquier fuerza que atraiga o devore la energía. Será una batalla épica. Un relato que tendrá elementos románticos y también imágenes un poco subidas de tono.
Me imagino a los cometas como espermatozoides cósmicos, atraídos por los planetas, fecundándolos con ADN químico para formar la vida en los planetas. En esta parte, quizá los niños tendrían que taparse un poco los ojos; después de todo, siempre se nos advierte que un meteorito podría chocar con nuestro planeta y acabar con la vida tal como la conocemos.
Finalmente, me dijeron que en esta revista les gustan las críticas a las películas científicas, como Interestelar. Pero la nada se apodera de mi cerebro y ya no sé cómo continuar mi historia. Aun así, creo que podría seguir de esta manera:
«Hace muchos años —en realidad, millones de años— existía la nada, pero estaba muy sola. Ella misma decidió preñarse y creó una enorme cantidad de energía y materia. Pasó mucho tiempo, millones de años otra vez, y de esa gestación surgió una energía magnífica. Sin embargo, todo lo grandioso parece volverse incontrolable en algún momento, y entonces ocurrió la explosión. De ahí nacieron las galaxias y todo lo demás: estrellas, planetas y meteoritos, junto con fuerzas invisibles gracias a las cuales existe todo lo que conocemos. Así se creó el orden, pero también el desorden, porque uno no puede existir sin el otro. Y después, se produjo todo lo demás».
¿Algún científico de los que escriben en esta revista podría —o querría— ayudar a mejorar mi historia? Al final, es mi película.

Jorge Carlos García-Ramírez. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Maestro en Comunicación y Desarrollo.
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Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. (18 de marzo de 2016). https://www.gob.mx/conavim/articulos/sabes-en-que-consiste-la-violencia-obstetrica
García-Ramírez H.J, Almaguer-González A.J.A. y Vargas-Vite V. (2010). Violencia obstétrica: una forma del patriarcado en las instituciones de salud. Género y Salud en Cifras, 8(3), 3-19. https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/29347/ViolenciaObstetrica.pdf
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