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Sífilis: problemas para adultos y consecuencias en niños

Escrito por Abad Saldaña-Salazar y Néstor Casillas-Vega

ARTÍCULO

 

Sífilis: problemas para adultos y consecuencias en niños

Abad Saldaña-Salazar y Néstor Casillas-Vega

 

 

Resumen

Las bacterias son consideradas los microorganismos más abundantes del planeta; por ello, vivimos en un mundo en el que están presentes en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y en los alimentos que ingerimos. En muchos casos, podemos convivir con ellas sin repercusiones para la salud; sin embargo, existen situaciones en las que un contacto mínimo con bacterias patógenas puede provocar enfermedades que la afectan de manera severa. Entre estas enfermedades, la sífilis es la tercera infección de transmisión sexual (ITS) con mayor prevalencia a nivel mundial. Cada día, más de un millón de personas contraen una ITS, la mayoría de las cuales no presentan síntomas. Ante esta problemática, la principal estrategia para su combate es la prevención.

Palabras clave: Bacterias, infecciones de transmisión sexual, prevención, sífilis.

 

RECIBIDO: 27/06/2024; ACEPTADO: 04/01/2025;

PUBLICADO: 27/febrero/2026

 

Sífilis, una infección de transmisión sexual

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) representan un importante problema de salud pública. Entre los diversos patógenos capaces de causar una ITS, destaca la bacteria Treponema pallidum (en la cual nos centraremos), agente etiológico de la sífilis, la cual es la segunda ITS de origen bacteriano con mayor prevalencia a nivel mundial y uno de los ocho patógenos responsables de ITS que cuentan con tratamiento curativo.

En lo que respecta a la región de las Américas, durante 2020 los países reportaron 29 147 casos de sífilis congénita. Asimismo, las cifras preliminares notificadas a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para 2021 indican más de 30 000 casos de esta infección transmitida de la madre al hijo.

 

Padres, el inicio del problema

La sífilis es una enfermedad infecciosa que se transmite principalmente por contacto sexual con una persona infectada. También puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo si la madre está infectada. Esta infección puede causar graves problemas de salud si no se trata de manera adecuada.

La sífilis se desarrolla en varias etapas. En su fase inicial, se forma una úlcera indolora en el sitio de entrada de la bacteria, como los genitales, el ano o la boca. Aunque esta lesión suele desaparecer por sí sola, la bacteria permanece en el organismo y, si no se trata, puede provocar daños a largo plazo.

Si la infección progresa sin tratamiento, puede evolucionar a una etapa secundaria, caracterizada por síntomas como erupciones cutáneas, úlceras en la boca o los genitales, fiebre y dolor articular. Posteriormente, la sífilis puede entrar en una fase latente, en la que no se presentan síntomas, pero la bacteria continúa presente en el cuerpo; esta etapa puede durar años sin causar manifestaciones clínicas.

Sin embargo, si la enfermedad no se trata, puede avanzar a la fase final, conocida como sífilis terciaria, la cual puede afectar órganos vitales como el corazón, el cerebro y los huesos, ocasionando daños graves y potencialmente mortales.

El tratamiento de la sífilis, generalmente, implica el uso de antibióticos que pueden curar la infección si se administran a tiempo. Es crucial seguir las indicaciones médicas y completar el tratamiento para garantizar una cura y evitar complicaciones a largo plazo. Además, es fundamental practicar sexo seguro y usar preservativos para reducir el riesgo de contraer y transmitir sífilis y otras ITS.

La sífilis congénita se produce cuando una mujer embarazada con la enfermedad la transmite a su bebé en desarrollo, lo que puede resultar en problemas de salud graves para el recién nacido. La prevención, la detección temprana y el tratamiento adecuado son esenciales para proteger la salud sexual y reproductiva tanto de adultos como de recién nacidos.

 

Dentro y fuera del vientre, riesgos y complicaciones

Dentro del vientre, uno de los principales riesgos es la posibilidad de que el embarazo no llegue a término debido a diversas complicaciones que pueden afectar al feto. Entre estas se incluyen el aborto espontáneo, el parto prematuro y el retraso del crecimiento intrauterino, el cual se evalúa mediante escalas estándar establecidas por la Organización Mundial de la Salud, que permiten determinar el crecimiento esperado según la semana de gestación. Asimismo, las alteraciones placentarias, como un crecimiento anormal de la placenta o la inflamación del cordón umbilical, pueden ocasionar una deficiente transferencia de nutrientes y oxígeno de la madre al feto, lo que favorece la aparición de las complicaciones mencionadas.

Fuera del vientre, un recién nacido puede enfrentar diferentes riesgos, como fiebre, ictericia (que causa un tono amarillento en la piel debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre, afectando el transporte de oxígeno), infecciones cerebrales y, en casos extremos, la muerte. Es importante señalar que estos riesgos no necesariamente ocurren en secuencia ni de manera exclusiva; cada individuo puede reaccionar de manera única y las complicaciones pueden variar ampliamente.

Pero no solo los recién nacidos enfrentan riesgos. Los niños que no presentan síntomas en los primeros dos años de vida también pueden desarrollar problemas de salud, como problemas visuales, óseos, auditivos y neurológicos que, incluso, pueden resultar en parálisis de las extremidades. Es crucial entender que la vigilancia médica prenatal y postnatal juega un papel fundamental en la detección temprana y en el tratamiento adecuado de estas complicaciones para asegurar la salud y el bienestar tanto de la madre como del bebé.

 

Madre e hijo, síntomas y diagnóstico

Los recién nacidos pueden mostrar síntomas como irritabilidad, piel agrietada alrededor de la boca, ano y área genital, retraso en el crecimiento que indica un tamaño menor al esperado para su edad, enrojecimiento y comezón que pueden evolucionar a ampollas en todo el cuerpo, especialmente en palmas y plantas. También pueden presentar anormalidades óseas visibles, dolor en brazos y piernas y, en casos severos, parálisis. En niños mayores de dos años que no muestran síntomas al nacer y no se sabe si están infectados, los síntomas pueden pasar desapercibidos hasta que presenten dientes anormales, dolor óseo, pérdida de visión o ceguera, pérdida de audición o sordera, deformidades nasales, entre otros.

El diagnóstico se basa en la evaluación clínica del recién nacido o del niño, así como en los estudios realizados tanto a la madre como al bebé. Durante el embarazo, se recomienda que la mujer se someta a una prueba serológica denominada VDRL (Venereal Disease Research Laboratory), la cual puede realizarse mediante una muestra de sangre y, en casos específicos, de líquido cefalorraquídeo. Esta prueba permite detectar la sífilis al identificar la presencia de anticuerpos, proteínas producidas por el organismo en respuesta a la infección por la bacteria causante de la enfermedad.

En caso de que el resultado del VDRL sea positivo, este debe confirmarse con una prueba treponémica específica, como la FTA-ABS (Fluorescent Treponemal Antibody Absorption), un ensayo que detecta anticuerpos dirigidos contra Treponema pallidum, la bacteria responsable de la sífilis.

Una vez confirmado el diagnóstico, es crucial realizar revisiones mensuales con el ginecólogo para monitorear y tratar la enfermedad. Las pruebas diagnósticas pueden variar según los síntomas del recién nacido. Generalmente, se emplean las pruebas mencionadas anteriormente, pero dependiendo de la situación, también pueden solicitarse radiografías para evaluar anormalidades óseas, exámenes oculares para descartar daños visuales e incluso punción lumbar para confirmar infección cerebral.

 

Salud y estrategias, prevención

En la actualidad, muchos adolescentes, adultos jóvenes e incluso adultos creen ser expertos en salud sexual; sin embargo, la realidad dista mucho de esta percepción, como lo evidencian las altas tasas de embarazos no planeados y de ITS. Muchas de estas problemáticas podrían prevenirse mediante una educación adecuada sobre los métodos de protección contra el embarazo y las ITS. En este sentido, es fundamental destacar que uno de los métodos más eficaces de protección es el uso del condón, ya sea masculino o femenino, el cual es reconocido como una barrera efectiva para reducir el riesgo de transmisión de infecciones y de embarazos no planeados.

El condón es un método altamente eficaz, con una efectividad superior al 98 %; no obstante, esta eficacia puede variar dependiendo de su colocación y retiro adecuados. Asimismo, el riesgo de adquirir estas infecciones puede reducirse mediante la disminución de la actividad sexual, la limitación del número de parejas sexuales y el mantenimiento de una salud sexual responsable.

Por otro lado, es de vital importancia llevar un control prenatal adecuado desde el momento en que se confirma el embarazo. Este control incluye consultas mensuales hasta la semana 28 de gestación, posteriormente cada dos semanas hasta la semana 36, y de forma semanal a partir de la semana 38 hasta el parto. Durante estas consultas se llevan a cabo diversas pruebas y estudios clínicos, entre ellos la prueba VDRL, la cual debe aplicarse en el primer y tercer trimestre del embarazo —o de manera mensual en caso de resultar positiva— con el fin de dar seguimiento oportuno y brindar el tratamiento adecuado.

La educación sobre estas prácticas resulta fundamental para promover una salud sexual y reproductiva óptima tanto en adolescentes como en la población adulta.

 

Amor de madre, recomendaciones

Realizar la prueba VDRL a toda persona que haya iniciado su vida sexual activa, con especial énfasis en las mujeres embarazadas como parte del control prenatal, aplicándola durante el primer y el tercer trimestre del embarazo.

Realizar la prueba VDRL a toda mujer embarazada que no haya llevado un control prenatal adecuado o que acuda a los servicios de salud solo para la atención del parto.

Realizar la prueba VDRL a todo recién nacido cuya madre haya presentado una prueba negativa durante el embarazo, pero que cuente con factores de riesgo, como múltiples parejas sexuales.

 

Abad Saldaña-Salazar. Estudiante de Médico Cirujano y Partero de la Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León.

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Néstor Casillas-Vega. Profesor e investigador, Departamento de Patología Clínica en el Hospital Universitario «Dr. José Eleuterio González», Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León.

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Kachikis A., Schiff M.A., Moore K., Chapple-McGruder T., Arluck J. y Hitti J. (2023). Risk Factors Associated with Congenital Syphilis, Georgia, 2008-2015. Infectious diseases in obstetrics and gynecology, 3958406. https://doi.org/10.1155/2023/3958406

 

Sífilis. (2024, 22 de mayo). OPS/OMS | Organización Panamericana de la Salud. https://www.paho.org/es/temas/sifilis

Valderrama J., Zacarías F. y Mazin R. (2004). Sífilis materna y sífilis congénita en América Latina: un problema grave de solución sencilla. Revista Panamericana de Salud Pública, 16, 211-217. https://www.scielosp.org/article/ssm/content/raw/?resource_ssm_path=/media/assets/rpsp/v16n3/23095.pdf